sábado, 12 de septiembre de 2009

La consentida del barrio

Este poema de Daniel de Juanes hace unos meses me hizo recobrar la inspiración. Cada que lo leo me alegra, me dan ganas de chelear (sí, más) y me hace reafirmar algo que dije en aékana hace muchos años: me caga Paz.

Gustaba del pispiote relamido

y pedía qué le dieran cañandongo,

enhiesto fierro dentro del mondongo;

adoraba el camote ahí metido.

Dura méntula de un varón cumplido

con el vaivén del sóngoro cosongo;

pensaba en el tamaño que en el Congo

puede alcanzar un pito endurecido.

Buscaba una bichola diferente,

al pene dar un ósculo quería,

sólo ñongas tenía en aquella mente.

Añoraba una pinga siempre enfrente,

con esa aspiración ella vivía:

adoraba la verga simplemente.

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